Nuevos comienzos
Actualizado: 2 oct
Como ya adelantaba en mi anterior post, esta semana vendí mi Fujifilm X-Pro3. Lo hice por muchos motivos pero, en esencia, ya no era una cámara adecuada ni para mis necesidades ni para mi manera de trabajar. Cuando volvió como nueva del centro de reparaciones de Fuji, donde le hicieron un cambio completo de monitor y submonitor, dudé en si debía quedármela, pero finalmente los puntos en contra pesaron más que la nostalgia. Si quieres leer más sobre el fallo de la pantalla de la X-Pro3 te refiero al post en el que hablo de este tema.

Fujifilm durante los últimos años se ha ganado cierto nombre como manufacturador de artículos de “lujo” debido a la escasez de producción de unidades de algunos de sus modelos, sumado a los cada día más altos precios de segunda mano de sus cámaras, en específico de modelos como las: X-100V, X-E4 y X-Pro3. Lo que tiene como consecuencia que al usar algunas de esas cámaras sientas que, más que un aparato, llevas colgando del cuello un collar muy caro, viejo y delicado. Una sensación que no me gusta demasiado.
Cuando tomé la decisión de finalmente vender la cámara lo hice con gran tristeza. No es fácil dejar ir una máquina que me ha acompañado a diario durante los últimos 5 años y que en su momento había sido un sueño conseguir. Desde a hacer la compra hasta Venecia, la cámara de verdad me había acompañado a todas partes.La XPro3 me enseñó a cómo hacer fotografía del día a día y a retratar mejor lo que veía, sin ponerse en el medio a la hora de trabajar. En su momento: la pantalla oculta, el visor híbrido, las simulaciones de película; en esencia, todos los juguetitos que la hacían única, eran exactamente lo que estaba buscando. Algo lo más similar posible a la experiencia analógica con los beneficios del digital. Sin embargo, con el paso de los años empecé perder el interés por los .jpgs directos de cámara, empecé a usar únicamente el visor digital debido a las gafas y la pantalla de la cámara se volvió imprescindible cada vez que quería probar cosas como la fotografía en anamórfico o hacer algo de vídeo durante un viaje.

Muy recientemente la cámara dejó de ser útil y todas las razones por las que la había escogido en su momento habían desaparecido (ya ni siquiera estaba haciendo fotografía de calle a diario, otro aspecto en el que esta cámara brillaba). El cambio era inminente y la rotura de la pantalla fue el desencadenante.
En mi anterior post comentaba que la sustituta sería posiblemente una X-T30 Mark III, pero justo antes de comprarla me entró algo de miedo pensando en que sería demasiado pequeña para usar tanto como cámara de diario así como de equipo enfocado a algo más profesional. El dial de simulación de películas, aunque divertido, estoy convencido de que habría perdido su atractivo a los dos días de comprarla y, según he leído, la ausencia de ajustes programables para esa palanca, lo hacen prácticamente inútil, un juguete.
Buscando un poco más me encontré con que la Fujifilm XT3, modelo tope de gama de Fujifilm en el año 2018, se puede encontrar a día de hoy alrededor de los 500€ en el mercado de segunda mano y casualmente tiene las mismas características que la XPro3, adaptadas además a todo lo que necesito hoy en día como un visor digital, pantalla abatible de cintura y con menos simulaciones de película; que no necesito.
Mis otras opciones a valorar eran de Nikon, de la serie de cámaras estilo retro, la ZFc o ZF. Pero ahora mismo un cambio de sistemas no me convenía y seguir con Fujifilm, con una XT3 con weather sealing, me pareció la mejor opción.

Estas semanas atrás he estado buscando mucha información sobre cómo envejecen las cámaras digitales. En mi anterior post me preguntaba si las cámaras digitales por naturaleza eran más delicadas que las analógicas: no sólo pueden fallar en su componente mecánico, sino también en el electrónico y digital. De esta manera me enteré que, igual que los ordenadores, las cámaras digitales poseen en su interior una batería CMOS, una pequeña pila de botón que alimenta la placa madre de la cámara mientras no tiene batería. Este sistema permite que la cámara mantenga en memoria ajustes como el reloj o la configuración de la cámara y en en el caso de las cámaras de Fujifilm, la configuración completa del usuario.
Aparentemente, las cámaras viejas (especialmente muchos modelos de Fujifilm) con el paso de los años pierden resistencia en su batería interna (que además está soldada a la placa madre y no es fácilmente reemplazable por el usuario, desmontando la cámara), lo que tiene como consecuencia que cada vez que se extrae la batería o, durante periodos de poco uso, la cámara pierda su memoria interna y ajustes. Teniendo que reconfigurar el equipo con cada cambio de batería.
Mi X-T3 llegó en perfecto estado y hasta el momento no me ha dado problemas. Reconozco la calidad del sensor de la X-Pro3 en esta cámara y me he acostumbrado rápidamente al nuevo cuerpo. Como decía, es la misma cámara con una forma diferente.
Las cámaras para mí son mucho más que aparatos, son una parte fundamental de la manera en la que me relaciono con el mundo. Cada cámara tiene una función y una razón de ser. La Fujifilm X-Pro3 fue la cámara que me enseñó a entender mejor cómo veo lo que me rodea y espero que esta nueva cámara, pueda darme tantas alegrías como la anterior y que me enseñe a seguir viendo el mundo con interés y frescura.



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